Nunca tuve una tristeza que una hora de lectura no haya conseguido disipar Montesquieu

“Te vas a quedar solo” “La soledad duele” “Qué triste es estar solo”

Cuántas veces habremos oído estas frases. Cuántas veces habremos temido a la soledad.

Desde que nacemos nos enseñan a relacionarnos. “Pórtate bien” “Haz caso a tu madre” “Déjale el juguete a Pepito” “Qué pensará de ti esa señora si lloras”

Pero nunca nos dicen:

“Háblate bien a ti mismo”

“Escucha lo que realmente necesitas”

“Conéctate con quién eres”

“Respétate y no dejes que nadie te trate mal”

“Sé tu mejor amigo”

“Disfruta de tu propia compañía”

♥ Está claro que somos seres sociales.

Necesitamos el contacto y la compañía. Pero, por encima de todo, necesitamos independencia emocional para poder relacionarnos de una forma sana y madura.

Así que, como no nos llegan mensajes de empoderamiento personal, sino, mensajes de acoplamiento social, nuestro mundo orbita alrededor de la gente.

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Volver de vacaciones y escuchar en repetidas ocasiones: “de vuelta a la rutina” “todo lo bueno se acaba” “qué le vamos a hacer” …

Por suerte, a mí me encanta mi trabajo, y yo no vivo mi regreso de esta forma. Pero en el pasado, cuando me dedicaba en forma o fondo a algo que no me apetecía, si lo experimentaba así y… era horrible!

Así que aquí detallo algunos tips, que, desde mi experiencia personal o profesional quizás sirvan para cambiar esta percepción.

 

  • Dedicar el tiempo a algo que nos mueva

Nos alegre. Algo en lo que creamos. Hay días que preferiría quedarme durmiendo en la cama, pero, en general, me despierto contenta y alegre. Tengo el convencimiento  que lo que hago me transforma y sirve de algo. Quizás no es necesario dar saltos de alegría cada vez que salimos a trabajar, pero, si simplemente creemos en lo que hacemos; lo que hacemos nos dará sentido.

 

  • No caer en la rutina

La rutina es una percepción personal. Si cada día desayunamos lo mismo, la vida es una rutina. Si cada día hablamos con las mismas personas, la vida es una rutina. La rutina depende de nuestra creatividad. Hay miles de formas de realizar las cosas. Simplemente necesitamos combatir la rigidez a la que nuestras neuronas se acostumbran. Es como ir al gimnasio la primera semana… luego los músculos dejan de quejarse.

 

  • No dedicarse tiempo a uno mismo. Solo hacerlo en vacaciones

Si únicamente nos hacemos caso en los períodos vacacionales, es como si jugamos al Trivial y tan solo conseguimos fichas de literatura… Pero nos faltan otras fichas… las de música, las de historia, las de deportes… A más fichas de Trivial, más probabilidad de ganar el juego. Si descuidamos la ficha más importante (nosotros), la sensación de vacío y de hastío será insoportable.

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La música bilateral es un tipo de música que alterna sonidos diferentes en el oído izquierdo y el derecho. Por este motivo, es importante escucharla con auriculares.

Esta música estimula ambos hemisferios cerebrales de forma alterna y eso potencia la actividad del cerebro y la conexión inter hemisférica entre otros beneficios.

Es una música maravillosa con la que se pueden conseguir resultados muy positivos para el estado de bienestar mental y físico. Aquí­ van algunos que yo misma y mis pacientes han experimentado:

  • Relajación y disminución de estrés/ansiedad
  • Aumento de la creatividad. Yo la utilizo sobre todo para escribir. Siempre que lo hago me surgen ideas nuevas y entro en un estado de flow muy agradable.
  • Procesamiento de situaciones y pensamientos negativos. Se trata de visualizar el evento o la imagen que preocupa o duele, cerrar los ojos, escuchar la música y esperar. Poco a poco la imagen va modificándose o virando para ser procesada emocionalmente. Ojo! No es mágico, probablemente se necesiten varias o muchas sesiones para ello.
  • Mayor equilibrio interno y sensación de paz mental. Mayor conexión con uno mismo.
  • Mayor concentración. Se puede escuchar mientras se trabaja o se analiza un problema o situación particular.

Por internet circulan muchos enlaces con música bilateral, es importante asegurar la fuente para tener la convicción que realmente es bilateral. En caso de duda, se puede comprar a un precio razonable.

¡A mi­ me encanta! ¡Viva la música bilateral!

 

*Foto livinginpixels

“Reconocer que sientes celos es vergonzoso” Bueno… al menos eso es lo que nos han enseñado

“Sentir celos es malo” O quizás eso es lo que siempre hemos escuchado

“Si sientes celos es porque tu pareja/amante/persona con la que mantienes una relación emocional, te los produce”

Pues voy a intentar romper unos cuantos paradigmas relacionados con los celos, a ver qué tal se me da.

  • Reconocer que sientes celos es un acto de humildad y autoestima. 

¿De autoestima? ¿Pero qué dices? Si. Si sientes celos y te lo reconoces has empezado a abrir una puerta al autoconocimiento. Si te abres al autoconocimiento estás elogiando a tu persona. Si le das valor a quien eres, de facto, estás trabajando en tu autoestima.

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Chico conoce chica, chico conoce chico, chica conoce chica. Se enamoran, se juran amor eterno y pasan a un nuevo estado civil y estatutario: somos pareja.

Y, de repente, tu identidad es binaria. Parte de tu identidad pasa por lo que esa persona es. Y entonces, empiezas a hablar en plural el 80% de tu tiempo: “nosotros no venimos”, “nosotros lo pensamos”, “nosotros pagamos”.

En ese estado ilusorio, en el que crees que parte de tu persona se disuelve en la otra, obtienes una falsa seguridad.
Sientes que la otra persona llena momentos de tu vida, se ocupa de ti cuando estás triste y te mantiene distraído gran parte de tu tiempo.
Pero la otra persona simplemente te está acompañando y ofreciendo amor (siempre y cuando entendamos bien qué es el amor). Tu sigues teniendo tu vida, tus fantasmas, tus cuestiones por resolver, tus momentos tristes y tus proyectos. Lo único que cambia es que alguien te acompaña en el trayecto.

Y en este falso estado en el que pasamos a ser un bicéfalo, le pedimos a nuestra pareja aquellas cosas que no somos capaces de darnos a nosotros mismos.
Le pedimos atención, le pedimos tiempo, le pedimos aventuras, le pedimos sorpresas, pero también le pedimos espacio, seguridad, … La cuestión es pedir.

¿Pero te das a ti mismo todo lo que le llegas a pedir a tu pareja? ¿Te das sorpresa, aventura, seguridad, tiempo y atención? ¿De verdad lo haces?
¿Cómo pretendes que alguien te de todo eso si tú no logras dártelo a ti mismo?
Pues a eso le llamamos amor. A las expectativas, a los reproches, a pretender que el otro haga lo que nos dé la gana, a pensar que si el otro me hace sentir mal es por su culpa y no por la mía…
A creer que el otro tiene que estar siempre, que yo soy la única o el único para él, que el otro tiene que pasar sus ilusiones por mi tamiz. Porque … es que somos pareja…

Y así seguimos. En un contrato tácito en el que el otro me distrae, me hace sentir bien, me consuela y me sostiene emocionalmente siempre que lo necesito.

Ojo, que yo soy una romántica. Me encantan las velitas, la luz de la luna y la poesía… pero con el paso del tiempo y bastante trabajo personal he aprendido ciertas cuestiones que me han permitido evolucionar en este sentido (y lo que me queda…)

1. El otro no te pertenece. Ni emocional, ni personal ni sexualmente. El otro sigue siendo él o ella independientemente de ti y puede decidir marcharse en cualquier momento. Igual que tú, por cierto.

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