Ansiedad por la comida

La ansiedad por la comida es emocional

Yo sufro de intestino irritable. Sé lo que son las malas digestiones, la incomodidad de sentirse hinchada, el no saber qué te ocurre por las entrañas, somatizar el estrés en el estómago…

Hace 5 años conocí a mi ya amiga Neus Elcacho,  una magnífica dietista. Gracias a ella recuperé la salud y entendí la estrecha relación entre la comida y nuestras emociones.

Desde entonces, he atendido a muchas personas que sufren de ansiedad psicológica por la comida y desórdenes gastrointestinales que tienen también una fuerte base emocional. Y es que no hay duda: la ansiedad por la comida es emocional.

Pero…

¿Por qué existe esa simbiosis tan importante entre lo que comemos, cómo lo comemos y nuestras emociones?

Como muchos ya sabréis, los neurotransmisores que se activan con determinadas emociones (el miedo, la rabia, la angustia, la tristeza) afectan de pleno a nuestro sistema digestivo. De esta forma, si hemos experimentado mucho estrés emocional a lo largo de la vida, el cortisol (hormona relacionada con el estrés) ha empezado a afectar a nuestros intestinos. Así, se empieza a producir la impermeabilidad intestinal que tiene múltiples perjuicios para nuestra salud. Cuando yo llegué a Neus, tenía una importante pérdida de cabello y desordenes hormonales, entre muchas otras cuestiones.

 

Por otra parte, existe el hambre emocional. Cuando no procesamos de forma correcta las emociones o experimentamos un alto nivel de estrés, nuestro cerebro entiende que necesita comer más o más dulce. Y aquí ya tenemos la ansiedad psicológica por la comida.

 

Los kilos de más en tu cuerpo traducen el peso del estrés excesivo en tu cerebro. Juvenal

 

En numerosas ocasiones, no somos conscientes de por qué comemos de más, en qué ocasiones o por qué. Pero si sabemos que algo no funciona del todo bien.

Pero… ¿qué emociones nos pueden hacer comer de más o peor? ¿qué situaciones vitales nos pueden afectar al intestino y a las digestiones?

Aquí detallo algunas:

  • Comer por soledad: Llegas a casa, abres la puerta y sientes las fauces de la soledad. Vas a la cocina y tienes que cocinar. Pero no quieres hacerlo sola porque eso te produce tristeza. Abres la nevera y arrollas con lo primero que te encuentras. Sobras de helado, una tortilla de patatas de antes de ayer y cualquier otro alimento que te ayude a olvidar esa soledad durante un tiempo. Después enciendes la TV y se te olvida durante un rato. Hasta el día siguiente.
  • Comer para quedar bien y sentirte integrada: Cuando empecé a cambiar mis hábitos alimentarios no podía comer gluten, ni lácteos, ni cualquier producto procesado. Cada vez que mis amigos salían a cenar me sentía excluida. La rara. A veces (en pocas ocasiones porque me encontraba francamente mal) acabé comiendo lo que no debía para sentirme menos rarita. Lo mismo hacemos con el alcohol, por cierto.
  • Comida para combatir el aburrimiento: Vivimos en un entorno hiper estimulante. Tenemos Netflix, Twitter, Facebook, fiestas, noticias, … Todo pasa rápido y ya. Llevamos muy mal el aburrimiento. Y éste nos conecta con partes de nosotros que no nos acaban de gustar. ¿Solución? Comerse una buena pizza.
  • Comer para premiarnos. Neus lo repite una y otra vez en sus redes sociales y en los medios de comunicación. Hemos asociado el premio a la comida. Si hoy he tenido un día nefasto en el trabajo, me doy un festín porque me lo merezco. Si he soportado a mi suegra toda la tarde, lo celebro con un croissant de chocolate. Son premios agridulces en muchas ocasiones.

  • Comer por carga genealógica. Una clienta me decía: “En mi familia siempre se come y nunca se habla y yo hago lo mismo” “Lo normal en mi casa es comer”. Otra me explicaba: “mis padres siempre han estado obsesionados con la comida; merendar no estaba bien visto. A las fiestas con comida, le seguían períodos de estricta dieta”. Es difícil liberarse de esa carga “celular” si no trabajamos con nuestro inconsciente.
  • Comer por estrés. Efectivamente, cuando el estrés se activa, se disparan una serie de neurotransmisores que nos producen más sensación de hambre. En un estudio llevado a cabo por la Universidad de Ohio, se constató como el aumento de peso en personas afectadas por estrés emocional era superior al de personas exentas de quebraderos de cabeza.
  • Obsesionarse por comer de forma perfecta. Analizando todo lo que comemos, contando calorías, culpándonos si comemos un trozo más de pan, evitando ciertas situaciones sociales para no comer. Si este es tu patrón, posiblemente eres una persona autoexigente y poco flexible.

 

Existen más emociones y situaciones vitales por las que comemos o comemos mal. A veces, no sabemos lo que nos sienta mal; comemos por desconocimiento. Lo que está claro es que la ansiedad por la comida es emocional.

¿Qué podemos hacer para combatir el hambre emocional o regular síntomas “gastroemocionales”?

 

Pues, en primer lugar, tenerlo claro de nuevo: el problema no es la comida; son las emociones.

A partir de aquí, considerar lo siguiente:

  • La persona en global es la que aumenta de peso o sufre los síndromes gastrointestinales: el cuerpo, las emociones y la mente. De nada sirve hacer dieta restrictiva o cambiar la alimentación sin tener en cuenta los otros factores. Es una aproximación global. En muchas ocasiones, atiendo a personas que han intentado hacer dieta sin éxito alguno. Llevan acumuladas emociones traumáticas, situaciones de estrés brutales y su sistema no les permite realizar un reajuste en su forma de comer.
  • La historia de vida. Nuestras emociones aprenden a reaccionar en base a lo que nos ha ido sucediendo a lo largo del camino. Si sufriste abusos de pequeño, tuviste una infancia desdichada, no has procesado algún duelo o suceso traumático importante, tienes algún secreto en el inconsciente almacenado, etc… tus emociones van a boicotear tu cambio de estilo vital. Sin “atacar” este frente vas a seguir frustrada largo y tendido. Este es el primer paso para cambiar tu forma de comer y de vivir.

  • El estrés. Tu sistema nervioso rige tus cambios hormonales, tu hambre y tus emociones. Haz algo con tu estrés. Se ha demostrado cómo la respiración puede reequilibrar el sistema nervioso, disminuir el ritmo cardíaco, la presión arterial y puede favorecer la eliminación de residuos metabólicos.
  • Los pensamientos. Ese zumbido que nos azota la cabeza. Pensamientos a los que nos enganchamos y que provienen, en muchas ocasiones, de nuestra tierna infancia. “Mira qué cuerpo más feo tengo” “Fíjate en estos kilos que he cogido” “Así nadie me va a querer”. Cada pensamiento negativo al que nos aferramos provoca una realidad. Si quieres saber más acerca de cómo lidiar con ellos, te invito a mirar mi vídeo sobre dieta y pensamientos.

Y una vez te hayas encargado de todo esto consulta a Neus o a Martina Ferrer, otra gran profesional que te puede ayudar con tus cambio de estilo alimentario. Porque recuerda, la ansiedad por la comida es emocional.

 

¡Te deseo una feliz nutrición!

 

¿Te sientes identificad@ con esta situación? ¿No sabes qué hacer para cambiarla? Contáctame ahora por whatsapp al 637.825.883 y tendrás 10 minutos gratis para hablar conmigo.

*Fotos: Unplash

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ir arriba